La matriz de una escuela musical.

Por Hilda López.

“Sanampay” es la formación musical que creó y dirige el músico neuquino Naldo Labrín. Desde México, tierra de su exilio en la década del 70, Sanampay forma parte de la historia musical de América latina. No es exagerada esta apreciación: numerosos cantantes, instrumentistas, compositores de relieve fueron parte de esta familia. Hay nombres recordados, inolvidables, de ellos: Delfor Sombra, Caito Díaz, Nahuel Porcel, Eduardo Bejarano, Daniel Costanza, Graciela Tugnarelli, Horacio “Chiquito” Diaz, el maestro José Bolea, Ricardo Lasala, los hermanos Fabián y Gabriel Hnriquez, Daniel Sanchez, Marcelo Piñeiro, Mariana Jolivet, Damián Cazeneuve, Darío Altomaro, entre una larga lista de nombres, recrearon la poesía de Juan R, Gimenez, Lalo Molina, Edgar Morisoli, Tejada Gomez, Alfredo Zitarrosa, Silvio Rodriguez, Fernando Cabrera, V. Heredia, Vicente Feliú y muchísimos más que jerarquizaron el proyecto que hasta hoy, vive.

Labrín es autor de numerosas obras que trascendieron las fronteras provinciales y nacionales. Cantata a Jaime de Nevares, Cantata a Gregorio Alvarez, por nombrar las más recientes en el tiempo , para remontarnos a esa maravillosa obra escrita por Armando Tejada Gómez y que musicalizara: “Coral Terrestre” ,también puesta en Neuquén con artistas locales. Un listado de sus temas musicales sería imposible abordarlas en este espacio.
Son muchos los músicos que pasaron por las filas de los proyectos de Labrín. Si la memoria fuese un faro que alumbra el quehacer de cada día, seguramente ese caudal impresionante, abonaría las simientes de la cultura de nuestros pagos. Pero el olvido suele tener la fuerza de estos tiempos de intereses que sube la temperatura humana para convertirla en meros repetidores de modelos aún por descifrar para qué nos sirve; y que nos deja al margen de una identidad que tiene sus ancestros clavados en el corazón de las bardas y de los ríos, de la cordillera infinita.

El repertorio abordado con empecinada pasión por Labrín, habla de nuestra América. La de los dolores y alegrías, la de la siembra y la cosecha, la de la lucha como emperatriz de la esperanza de un pueblo. Habla de nosotros y canta por nosotros.
Hay muchas cosas que se pueden decir de esta trayectoria, que con luces y sombras, marca una etapa fundacional de la canción en esta parte del fin del mundo, la Patagonia de los sueños del oro, la de los fríos eternos.

Sanampay es más que un grupo musical, es una escuela donde abrevaron los jóvenes que hoy andan desparramando sus experiencias y saberes por todos lados. Hay poesía, hay ritmos, hay leyendas e historias reales en esa escuela. Es, precisamente por eso que se mantiene vivo Sanampay, y por ello deberíamos sentirnos gratificados ante tanta pavada aplaudida porque sí.

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